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Esta obra consiste en re-pensar el vestido como un objeto erótico que está en contacto con nuestro cuerpo pero que cotidianamente no posee esta connotación. En este sentido, esta pieza es una reflexión sobre la construcción de la corporalidad femenina, una exploración sobre cómo el individuo puede reconocer y producir su propio cuerpo y su sexualidad de manera individual y a través de una mirada externa. Precisamente, es trasladar el discurso mediante el cual se construye el cuerpo de la esfera pública a la privada.

Tócame suavemente

"Otro aspecto interesante en la relación entre el vestido y el arte es el espacio que brinda para el juego y la exploración de la personalidad. El vestido hecho de manos termo-formadas en fomi de Andrea Angarita esta iconográficamente ligado a las inquietudes surrealistas sobre lo ominoso que fueron exploradas de manera tan exhaustiva en la moda de mediados del siglo XX por Schiaparelli con sus guantes con uñas o el sombrero hecho con guantes. En el vestido de coctail de Angarita parece que todas las manos abrazaran el cuerpo. La sensualidad y sexualidad son parte central de esta pieza en el mismo sentido en que lo es la taza peluda de Meret Oppenheim, se encuentran entre la atracción y la repulsión. Si tenemos en cuenta que según Freud "lo ominoso no es en realidad nada nuevo o extraño, sino algo que es familiar y establecido en la mente y que ha sido transformado en extraño solo por represión" es posible ver que resulta un concepto útil para explorar lo que sucede con algunos de estos vestidos-objeto, no solo el objeto inanimado cobra vida sino que un objeto que es familiar como lo es el vestido se convierte por una ligera torsión o cambio de contexto en algo extraño y miedoso" 

Tomado de Metáfora y metamorfosis: una aproximación a las poéticas del vestido.

Por Maria Clara Bernal

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